Cap. I. El reconocimiento de la antigüedad de la Hermandad por el Arzobispado

En todos los tiempos, han sido las cofradías sevillanas extraordinariamente celosas en cuanto a la exigencia de que se tuviera en cuenta su antigüedad, traducida a derechos en cuanto al lugar a ocupar por cada una en las procesiones a las que asistían. Al haber casi todas ellas, en el transcurso de su historia, variado en diversas ocasiones el día de su estación de penitencia en la Semana Santa, respondiendo a modificaciones en sus Reglas o por otras razones, y porque, como es sabido, todas las actualmente existentes han tenido periodos más o menos largos en que no la han realizado, por unas u otras causas, no es la colocación actual de las hermandades en uno u otro día de salida, ni su ordenación dentro de cada día, un criterio adecuado para conocer su antigüedad. Afirmar, como suele hacerse, que las cofradías más antiguas son las últimas de cada día –con la excepción de la madrugada del Viernes Santo, en que el orden sería el inverso–, o que en los días centrales de la semana –Jueves y Viernes Santos– salen las más antiguas y en los días primeros las más modernas, es hacer una generalización abusiva, ya que si bien, en teoría, ello responde a un criterio que podría ser válido en principio, las excepciones en su concreción son tantas y tan importantes que lo convierten en impracticable, haciendo impracticable el criterio.Debido a ello, es mucho más adecuado la utilización de las listas o relaciones de cofradías que en diversas ocasiones, desde la segunda mitad del XVI hasta el siglo XVIII, se confeccionaron, con arreglo a la antigüedad comprobada de la aprobación de las Reglas más antiguas conocidas para cada una, para el fin de ordenar su colocación en las denominadas procesiones generales de la ciudad: la anual del Corpus Christi y otras semejantes que solemnizaban efemérides especiales. Cualquiera que haya consultado dichas listas, varias de ellas conocidas desde antiguo y otras de fácil consulta en el archivo del Palacio Arzobispal, se sorprenderá de la falta de base de opiniones tan ampliamente extendidas hoy, a pesar de su falta total de consistencia, como la que pretende que es la de Jesús Nazareno –la cofradía del Silencio — nada menos que la “primitiva hermandad” de la Semana Santa de Sevilla, por ello “madre y maestra” de todas las demás. O como la defendida por el propio José Bermejo(hermano varias corporaciones, entre ellas la nuestra, y la de Pasión), sin apoyarla en otra base que en su convicción, de que la más antigua como cofradía es la de Pasión. Por no referirnos a la basada solamente en una supuesta y nunca explicada tradición de que lo sea la del Santo Entierro, que habría sido fundada en tiempos del mismísimo rey Fernando III, conquistador castellano de la ciudad.

Sin ánimo de polémica, se hace necesario considerar, a este respecto, que las tres cofradías aludidas se cuentan, al menos en el último siglo y medio, entre las más importantes de la ciudad: las dos primeras perteneciendo a sectores de alto status social de la misma, y la tercera, de hecho, siendo la hermandad más oficial, por su estrecha relación, y casi siempre dependencia, respecto del Ayuntamiento y otras instituciones oficiales. No es sorprendente, en este contexto, que se pusiera en funcionamiento lo que un historiador británico, en su análisis de otras realidades históricas, ha denominado certeramente como “la invención de la tradición” (10) .

Respecto a las procesiones generales, existen diversos expedientes en que se relacionan las cofradías de penitencia comenzando por las más modernas y concluyendo con las de mayor antigüedad. Los que se realizaron para ordenar la comitiva de las procesiones del traslado del cuerpo de San Fernando a su urna de plata, en la Capilla Real de la Catedral, en 1574, y para la Bula de la Santa Cruzada no contienen la totalidad de las cofradías existentes en uno y otro momento. La primera cita 26 cofradías y la segunda 22. Respecto a esta, concretamente, el abad Gordillo, en su Memorial escrito en 1631, explica: “Son, pues, las cofradías que acompañan la procesión de la Santa Bula veinte y dos, que hacen pompa y honor suficiente; y de la misma manera que estas vienen a ella pudieran venir todas las demás de la ciudad y fuera de ella, pues para todas hay en los jueces la misma facultad, y por lo dicho se excusan, y es cierto que en el orden que lleven (y se dirá) y la variedad de los colores de los estandartes parecen muy bien”.

En contraste con la declarada ausencia de algunas cofradías en las solemnidades anteriores, sí se incluyen todas las existentes –salvo casos muy puntuales, debido a motivos especiales, como veremos– en los expedientes que se realizaban cada año “para el orden de la procesión del Santísimo Corpus Christi, conforme a la antigüedad de las reglas y aprobación de ellas”, de los que se conservan buena parte de los correspondientes a la época que va del año 1614 a 1709, realizados por el Arzobispado, una instancia externa y superior a las cofradías.

En las relaciones que van del año 1614 a 1632 no figura la hermandad de los Negros, por lo que esta no ha sido tenida en cuenta por los eruditos que, al consultarlas, se han conformado con mirar tan sólo las nuevas cofradías que se iban agregando en los años posteriores, dando por supuesto que no se podía introducir ninguna entre las más antiguas, en lo que se equivocaban. Las relacionadas en el expediente de 1614 son 40; por orden de mayor a menor antigüedad: 1º) la Santa Vera Cruz, de San Francisco; 2º) el Santo Crucifijo, de San Agustín; 3º) Las Angustias, del Carmen (actual Quinta Angustia); 4º) la Limpia Concepción, de San Francisco (que pronto se trasladaría al convento de Regina); 5º) Nuestra Señora del Valle, Verónica y Coronación; 6º) La Encarnación, en Triana; 7º) Las Cinco Llagas, de la Trinidad; 8º) la Soledad, del Carmen; 9º) La Pasión, de la Merced; 10º) San Juan Bautista y Sangre de Cristo, de San Francisco de Paula; 11º) La Antigua, de San Pablo; 12º) el Dulce Nombre de Jesús, de San Pablo; 13º) la Cruz de Jerusalén, de San Antón (la hoy conocida como del Silencio) ; 14º) Nuestra Señora de la Hiniesta, de San Julián; 15º) La Esperanza, en Triana; 16º) Nuestra Señora de la O, en Triana; 17º) Nuestra Señora de la Estrella, en Triana; 18º) la Columna y Azotes ; 19º) la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Rosario, de Monte-Sión; 20º) Poder y Traspaso ; 21º) Nuestra Señora de las Virtudes ; 22º) La Presentación, de San Ildefonso,”que es de los mulatos”; 23º) La Expiración, de la Merced; 24º) Nuestra Señora de Villaviciosa y Santo Entierro, de San Laureano; 25º) La Caridad ; 26º) la Humildad y Cena, de San Basilio; 27º) La Piedad ; 28º) la Luz y Tres Necesidades ; 29º) Nuestra Señora del Socorro y Amor de Cristo ; 30º) la Exaltación ; 31º) San Juan Evangelista, del Carmen (hoy conocida como las Siete Palabras); 32º) Nuestra Señora de Guía (Lanzada); 33º) Nuestra Señora de la Palma (Santo Sudario); 34º) Buen Viaje y Socorro, en Triana; 35º) el Mandato y Nuestra Señora del Pópulo ; 36º) Las Potencias de Cristo ; 37º) Nuestra Señora de Monserrat y Buen Ladrón ; 38º) La Entrada en Jerusalén ; 39º) Nuestra Señora del Camino, en Triana; y 40º) Las Caídas de Cristo, en Triana.

En años posteriores se fusionan algunas de estas cofradías, apareciendo en 1617 “la Esperanza y Tres Caídas, en Triana”y al año siguiente”la Entrada en Jerusalen y Amor de Cristo”. Y aparecen otras nuevas:”La Esperanza y Sentencia de Cristo, de San Basilio”,”Nuestra Señora de la Parra , en Triana”,”Las Tres Humillaciones”;”Nuestra Señora de los Peligros, en Triana”y”la Bofetada”.

En la relación de 1633 figura por primera vez la cofradía de los negros, pero significativamente está en segundo lugar entre las más modernas, como si fuera de fundación muy reciente: su puesto es inmediatamente anterior al de “la Bofetada”, que se había incorporado el año antes, y sólo la precede la del Dulce Nombre de Jesús, y ello porque esta hermandad “por acuerdo de sus cofrades, desde años antes se allanaron a ir en el sitio más moderno”. En el expediente consta que”la cofradía de los negros, para este año se manda vayan en este lugar “, lo que refleja claramente que se trata de una situación provisional. ¿Cuál era esta? Sencillamente, como más adelante hemos de tratar más en extenso, la hermandad, desde comienzos del siglo, se encontraba en abierto conflicto con el Arzobispado y precisamente en 1614, el año del primer expediente realizado para confeccionar la lista con la que determinar el orden de las cofradías en la procesión del Corpus, había conseguido el Provisor del Arzobispado una Real Provisión del Consejo de Castilla para que fuera suspendida y prohibidas sus procesiones. Fue por ello por lo que la cofradía hubo de acudir a la suprema autoridad de Roma para evitar su desaparición. Mientras ello no fue conseguido, sobre la hermandad pesaba una suspensión total; por ello no podía realizar su estación de penitencia ni tampoco era tenida en cuenta para la convocatoria a la procesión del Corpus ni a ningún otro efecto.

Una vez confirmada la hermandad por Bula de Urbano VIII, la solución provisional del Provisor del Arzobispado, el año 1633, primero en el que se la incluye en la lista, no consideró sus derechos de antigüedad, por lo que provocó el rechazo de la cofradía y las protestas de esta, determinando de nuevo su ausencia durante varios años. La hermandad planteó un nuevo pleito ante el entonces Provisor, Don Gregorio Bastán y Arostegui, en defensa del reconocimiento de su lugar preferente en la procesión del Corpus, no recayendo decisión firme hasta el 15 de julio de 1672. Por ella se le reconocía una antigüedad sólo sobrepasada por las cofradías de la Vera Cruz y el Santo Crucifijo de San Agustín, lo que le hizo figurar en el tercer puesto por orden de antigüedad, como consta en las nóminas desde el año siguiente.Sin embargo, no por ello dejó de haber nuevos intentos de otras hermandades más poderosas para desplazarla: ahora sería la de las Angustias, del convento de San Pablo (la actual de la Quinta Angustia), la que cuestionó su derecho, consiguiendo situarse varios años, durante la década de los ochenta, detrás de ella, por lo que los negros pasaron al cuarto lugar, entre aquella y la trianera de La Encarnación. No conformes con ello, y de nuevo beligerantes en la defensa de su dignidad étnica y de la justicia de los derechos de la hermandad a través de la que se identificaban como colectivo, los morenos continuaron insistiendo hasta que les fue reconocido definitivamente su tercer puesto, en 1688, manteniéndose ya en él en todas las listas de cofradías de los años finales del siglo y primeros del XVIII. Unas listas de las que habían ya desaparecido varias hermandades existentes en décadas anteriores y a las que se habían agregado otras, entre estas las de la Prisión de Cristo, Dulce Nombre de María, el Buen Fin, las Lágrimas de San Pedro, La Sed y Nuestra Señora de las Maravillas, la Entrada en Jerusalén de Triana, la Expiración y Nuestra Señora del Patrocinio, también de Triana, y Nuestro Padre Jesús del Silencio, fundada en San Julián.Como puede comprobarse, en ninguna de estas relaciones figuran entre las seis o siete más antiguas la del Señor de Pasión, ni la Santa Cruz en Jerusalem (el Silencio), ni el Santo Entierro. Y dado que las dos que presiden invariablemente a todas las demás, la del Santo Crucifijo de San Agustín y la Vera Cruz se extinguieron –aunque esta última se refundase en 1942, obteniendo la imagen del Cristo y gran parte del archivo de la anterior cofradía de la Casa Grande de San Francisco–, quedaría hoy como la más antigua de cuantas, a pesar de las crisis, nunca llegaron a dejar de existir, la hermandad de la Virgen de los Ángeles, la antigua de los negros de la ciudad. Su antigüedad se remonta, sin duda, a tiempos muy anteriores al año en que se aprueba la primera regla cuya noticia ha llegado hasta nosotros, que es la de 1554, y ello debió ser perfectamente conocido, y estar bien documentado en el siglo XVII, para que el Arzobispado reconociera en aquella época a una cofradía con tan poco poder como la de los morenosser anterior a casi todas las pertenecientes a los estratos altos de la ciudad, a pesar de que algunas de ellas tuvieran reglas aprobadas antes de aquella fecha.Pueda parecer hoy bien o mal a unos u otros, y argúyanse cuantos testimonios se quieran desde el interior de aquellas u otras cofradías, esto, y no otra cosa, es lo que se deduce directamente de las determinaciones del Provisorato del Arzobispado basadas en un estricto análisis, hace ya más de trescientos años, de los documentos que todas las cofradías le aportaron para defensa de los derechos de antigüedad de cada una.

 

(10) Hobsbawn, Eric:”Inventing Traditions”; en Hobsbawn, Eric y Ranger, Terence: The Invention of Tradition, Cambridge, 1883.