Cap. I. La situación del primitivo Hospital y Hermandad y su traslado al sitio actual en 1550

Ricardo White, en su síntesis histórica de 1798, señala que “no se tiene noticia de la forma de gobierno que en sus principios tuvo esta nuestra Hermandad; ello es muy verosímil el que su Ilustrísimo Prelado y Fundador le prescribiese a esta Cofradía estatutos en su nuevo establecimiento, que según nuestro analista (se refiere a Ortiz de Zúñiga) fue antes del año 1400 (consta al folio 623 nº 3), pero de ello no hay el menor indicio hasta el año de 1554 en que esta nuestra Hermandad y Cofradía presentó Regla para su aprobación“. Hoy no suscribiríamos una tan tajante afirmación como la que realizara aquel benemérito Secretario, ya que sí contamos con algunos indicios e incluso con datos, tantos directos como indirectos, sobre la hermandad; si bien algunas noticias son un tanto confusas y necesitan de una adecuada interpretación, e incluso reinterpretación, dado que no pocas eruditos han contribuido involuntariamente a acrecentar la confusión.

Uno de los errores más generalizados respecto a sus primeros siglos, existente en Bermejo y otros autores y que viene perdurando hasta hoy, es la falsa creencia de que la hermandad y su capilla no radicaron hasta 1604 en el lugar que todos conocemos entre las puertas de Carmona y del Osario. Contrariamente a ello, en el propio archivo de la cofradía (Libro de Cuentas de Mayordomos de los años 1675 a 1723, página 23) se encuentra una copia, realizada en1680, de una escritura del año 1550 que dice textualmente: “El jurado Gómez Ximénez y Hernán Pérez dieron a tributo perpetuo tres solares a la cofradía de nuestra Señora de los Ángeles, que es de los hermanos morenos, por precio de 12 ducados y seis gallinas de renta en cada un año, por escritura ante Luís de Medina, escribano público de Sevilla en 9 de noviembre de 1550 años. Este oficio es en el Candilejo, que al presente lo ejerce Sebastián del Águila, y de dicho Sebastian del Águila se sacó traslado, y lo sacó Juan Salmerón este año de 1680 “.La confusión señalada, que se repite en la inmensa mayoría de los autores, se debe a que el tributo anual de los doce ducados y las seis gallinas se pagó, a partir de 1604, a Don Francisco de Vargas, Marqués de Castellón –y a partir de él a sus sucesores, hasta que pasa en el siglo XVIII al convento de San Agustín–, por escritura realizada en la misma escribanía de Luís de Medina el 12 de diciembre de 1604. Quienes vieron este documento y no conocieron el de 1550 creyeron que realmente la compra de los tres solares por la hermandad se había realizado cincuenta y cuatro años más tarde, aunque no deja de ser extraño que no consideraran raro que en el documento referido al año 1604 se señale que los tres solares se dieron “a tributo a los hermanos de Nuestra Señora de los Reyes, que hoy se llama de los Ángeles y en que tienen hoy labrada su Capilla y una Casa accesoria que está dada de por vida… “. La alusión al título de la Virgen cuando se adquirieron los solares debió haber advertido a los lectores del documento de que este sitúa la venta de los solares en tiempos anteriores a la aprobación de las Reglas de 1554.Las estipulaciones acordadas en 1550 se cumplieron durante casi tres siglos, en los que cada año, como consta en los Libros de Cuentas, la cofradía pagó dicha renta, hasta 1722 al Marqués de Castellón y a partir de dicho año al convento de San Agustín, al que le fue adjudicado ese tributo cuando salieron “a pleito de concurso” los bienes del Marqués.El documento trascrito prueba de forma concluyente tres cosas. La primera, que el solar de la Capilla actual, con sus terrenos adyacentes, pertenece a la hermandad desde 1550, o sea, más de cincuenta años antes de lo que se venía creyendo, lo que está también más acorde con el estilo de su sencilla fachada (me refiero a la demolida en 1964 para construir la actual), que era mudéjar, de ladrillos vistos, con espadaña y arco suavemente apuntado, con resalte plano, para la puerta.

La segunda, más importante aún, es que antes de aprobarse la Regla de 1554 existía ya la cofradía: el documento no se refiere a la compra de unos solares por particulares sino por “la cofradía de nuestra Señora de los Ángeles, que es de los hermanos morenos“. Luego esta existía ya como tal, con personalidad jurídica para realizar contratos, antes de aquella Regla. Aunque no haya llegado hasta nosotros la documentación correspondiente, ni fuera conocida por Ricardo White ni por el analista Ortiz de Zúñiga, es obvio que la referida escritura pública demuestra no sólo que la hermandad existía antes del año de la primera Regla de que tenemos noticia –que ello ha sido generalmente admitido al aceptarse la fundación realizada por el arzobispo De Mena–, sino también que estaba aprobada por la jurisdicción competente, es decir, que poseía reglas anteriores a aquella. Lo que debía ser conocido por el Provisor del Arzobispado todavía en la segunda mitad del siglo XVII, cuando le fue reconocido en las procesiones generales de la ciudad un lugar de privilegio, tal como ya comprobamos en un epígrafe anterior.

Y en tercer lugar, el breve documento nos muestra que ya en 1550 la cofradía utilizaba la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, que desde luego no es la primitiva, como veremos más adelante.

A lo que no contribuye la copia de la escritura pública analizada es a despejar las dudas sobre el lugar o lugares donde estuvo anteriormente establecido el Hospital fundado por Don Gonzalo y, por tanto, la hermandad. Sobre esto nos encontramos hoy en un nivel menos seguro al de cualquier otro aspecto de su historia, aunque ello no signifique que carezcamos de indicios.

En efecto, la vinculación de la hermandad con el humilladero de la Cruz del Campo, y la propia cercanía de los nuevos terrenos adquiridos en 1550 al camino que se dirige hacia él paralelo a los caños de Carmona, hace que lo más probable sea que la Casa-Hospital se encontrara no muy lejos del convento de San Agustín y poco distante de la Cruz del Campo. El cronista Peraza, que escribe sobre la primera mitad del mil quinientos, apunta esto, denominándola de la Cruz de los Ángeles y señalando que cerca de ella existía el llamado Molino de la Cruz. Justino Matute, basándose en una Historia del Monasterio de San Benito , escrita por el abad Gordillo, que se conserva en la Biblioteca Colombina de la Catedral, escribe que “el Humilladero y Cruz se construyó el año de 1460 por la cofradía de los Ángeles, sita en el Hospital del mismo título“, la cual cedió luego el patronato, en 1532, a Fray Sebastián de Obregón, abad de dicho monasterio, “con ciertas cargas y condiciones “. A cambio de la cesión, el convento debía pagar un tributo anual al Hospital y cofradía de los Ángeles, el cual consta se efectuó hasta 1805, haciéndolo al Hospital del Amor de Dios al que se había fusionado aquel en la reducción de hospitales que tuvo lugar en Sevilla en 1587.

Lo anterior, que es también recogido por Leandro José de Flores, en sus Noticias varias de la collación de San Roque, debería dejar zanjada la cuestión si no fuera porque el propio Matute refiere que los siglos XV y XVI “había en Sevilla por estos años una Cofradía bajo la advocación de los Santos Ángeles, con su hospital para pobres, situado en la calle que hoy llaman del Rosario (y antes de los Ángeles, precisamente por la existencia del hospital, en la parte más cercana a la calle de Colcheros, en la collación de la Magdalena), al que Don Juan de Guzmán, primer Duque de Medina-sidonia, por su testamento, otorgado en Sevilla ante Pedro García, escribano público de ella, con fecha de 27 de Enero de este año, dejo de limosna mil maravedíes“. En la reducción de hospitales efectuada en 1587, el hospital de los Ángeles figura como perteneciente a la collación de San Andrés, incorporándose al del Amor de Dios, como muchos otros. Parece difícil admitir que este hospital de los Ángeles, situado en el centro de la ciudad fuese el de la hermandad de los negros; tanto más cuanto que este, en sus primeros tiempos, debió llamarse “de Nuestra Señora de los Reyes“, como apuntan diversas fuentes.

De cualquier forma, es innegable que la corporación de los morenos ha tenido históricamente una relación más estrecha que ninguna otra con el Humilladero de la Cruz del Campo y con el Vía Crucis que en diversas épocas se ha realizado hasta allí. Si no el humilladero mismo –que fue reconstruido primero por el asistente de la ciudad, don Diego de Merlo, en 1482, y luego, en 1521, por el primer Marqués de Tarifa, don Fabrique Henríquez de Ribera, tras su viaje a Tierra Santa, acercándolo un poco a la ciudad para que la distancia a su palacio, la Casa de Pilatos, fuese la misma que la tradición señala entre el Pretorio y el Calvario: 1.321 pasos, equivalentes a 997,13 metros–, la hermandad de los negros sí tenía a su cargo una de las cruces que marcaban las 12 estaciones del Vía Crucis que culminaba en aquel (hasta mediados del Setecientos no se añadieron las dos últimas estaciones actuales). En uno de los libros existentes en el archivo de la cofradía puede leerse el siguiente acta, fechada en 2 de Marzo de 1675: “Estando pidiendo el señor Alcalde, Domingo Pérez, en la estación de la Cruz del Campo que toca a dicha cofradía, se aderezó dicha cruz y la peana que por causa del empedrado de la Calzada, y como echaron las carretas por la parte de afuera, derribaron la dicha peana, con lo cual quedó aderezada“. El mayordomo y otro hermano aportaron los ladrillos, la cal y otros elementos necesarios para la reparación, que supuso un desembolso de 114 reales, según consta en las cuentas del ejercicio 1671-72.

Conviene recordar que, hasta la reforma urbanística de 1816, las cruces que señalaban las estaciones Séptima, Octava, Novena, Décima y Undécima se alzaban, sobre peanas de ladrillo, entre los álamos que sombreaban el arrecife contiguo a los Caños de Carmona que constituía la principal entrada a la ciudad, siguiendo la antigua Calzada romana. A una de estas cruces se refiere con toda seguridad el acta que recoge la reparación hecha por la cofradía. Y, si nos atenemos a lo que señala algún autor, lo más probable es que sea a la Novena, ya que esta se hallaría situada frente a la conocida como Huerta de los Ángeles, “así nombrada en recuerdo del hospital y capilla que allí poseyeron los individuos negros de Sevilla, fundación del Cardenal don Gonzalo de Mena y Roelas a fines del siglo XIV“. Si este dato es exacto, cosa posible aunque no segura, ya que la documentación existente no es concluyente al respecto, tendríamos también resuelto el problema de la ubicación de la primitiva Casa-Hospital de la hermandad. Pero, incluso si actuando con la necesaria prudencia no lo estimásemos así, habría que reconocer como muy significativo el hecho de que los negros de la cofradía de Nuestra Señora de los Ángeles tuviesen a su cargo el cuidado de la cruz del Vía Crucis situada delante de los terrenos que fueron del Hospital de los (Santos) Ángeles antes de su venta al abad del cercano monasterio de San Benito. Difícilmente podríamos pensar que esto se deba una simple casualidad. ¿Podrían haber existido, al menos en una determinada época, dos hospitales dependientes de una misma corporación o relacionados, uno directa y otro indirectamente, con ella? ¿O pudo haber dos hospitales destinados a negros, uno intramuros y otro extramuros? Con los actuales datos conviene no hacer afirmaciones demasiado contundentes. Sigue abierta, pues, la cuestión.

De todos modos, sí parece seguro que la llamada Cruz de las Toallas , que conserva la hermandad, consistente en dos sencillas tablas cruzadas pintadas en negro con un sudario de tela blanca, es la que representaba la primera estación del Vía Crucis a la Cruz del Campo, en la plaza de la Casa de Pilatos, hasta que el Duque de Alcalá hizo construir para ello, en 1630, el retablo y cruz de mármol junto a la puerta principal de su palacio. En torno a ella se rezaban las oraciones de la primera estación y comenzaban a disciplinarse los flagelantes. Dicha Cruz figura en los inventarios de la cofradía desde los primeros que se conservan, del siglo XVII, y, cuando modernamente, en 1957, se hizo resucitar la tradición de dicho Vía Crucis, la Cruz de las Toallas volvió a abrir la comitiva el primer viernes de Cuaresma.